LOS TRANSGÉNICOS


¿Qué son los transgénicos?

Los transgénicos son organismos que han sido modificados genéticamente, intercambiando genes con otras especies, eliminando, o alterando algún gen de la cadena que compone el ADN (abreviatura del ácido desoxirribonucleico que es el que contiene las instrucciones genéticas de todos los organismos vivos y es el responsable de su transmisión hereditaria).

La mayor parte son plantas destinadas a la alimentación.
Aunque ya se empiezan a introducir algunos alimentos-animales con alteraciones genéticas, por ejemplo, se han insertado genes de peces en patatas y en fresas, para transmitirle la característica de resistencia al frío.
Los resultados son impresionantes, un sinfín de posibilidades.

Nombres alternativos

Alimentos producidos con bioingeniería (alimentos genotecnológicos).

¿Cómo se hace?

Todos los seres vivos tienen en el núcleo de las células, en los cromosomas, conformaciones específicas, llamadas genes, que codifican una determinada característica de ese individuo. Por ejemplo, son características genéticas el color de una mazorca de maíz, de los ojos y piel de una persona, o las manchas en el pelaje de un animal, la forma de las orejas, etc. Los seres vivos intercambian genes entre sí naturalmente, comúnmente a través de la reproducción, pero también a través de la actividad de virus, bacterias y plásmidos. Este intercambio se ha dado siempre entre especies compatibles entre sí, o muy cercanas, como una yegua y un burro, o plantas “emparentadas”, como la colza y el rábano silvestre, o la calabaza y el melón, es decir, taxonómicamente cercanas.

Con el advenimiento de la llamada ingeniería genética, se hizo posible transferir genes específicos de un organismo a otro, aun cuando no exista ninguna forma de compatibilidad de los organismos entre sí, y hacer que estos genes foráneos se expresen en el organismo receptor.
No se trata solamente de insertar el gen con la característica buscada. También hay que lograr que el nuevo gen se exprese en el organismo receptor. Para ello, se utiliza un gen “promotor”. Actualmente, en el 99% de los transgénicos se utiliza el promotor del virus del mosaico de la coliflor (CaMV). Además, como las tecnologías disponibles para la transferencia tienen un amplio margen de error, se inserta también un gen “marcador”, que con su presencia indica si se realizó la operación. En este caso, se ha usado ampliamente genes de resistencia a antibióticos, pero hay otros marcadores, que en muchos casos también provienen de virus o bacterias.
Por otra parte, se utilizan bacterias, virus y plásmidos (ADN indepediente dentro de alguna células, con gran capacidad migratoria y de recombinación) como vectores, es decir como vehículos para infectar al organismo receptor, transfiriéndole la nueva información genética.
Otra tecnología de transferencia, es a través de la llamada biobalística, o cañón genético, por la cual, una vez hecha la construcción del “paquete” con promotor, gen buscado y marcador, éste se adosa a una microbala de tungsteno u oro y se dispara contra células del organismo receptor, pegando dentro y/o fuera de la célula, dentro y/o fuera del núcleo, dentro y/o fuera del cromosoma. En ningún caso se tiene control de dónde en la cadena cromosómica se inserta la nueva característica.

Referencias sobre selección de genes

A lo largo de la historia se ha demostrado la eficiencia del proceso de selección natural, un término empleado por primera vez por Charles Darwin en el que se describe como las especies de la naturaleza (humanos, animales, plantas y hasta microorganismos) se basan en procesos de selección —valga la redundancia— donde se escoge como pareja sexual para la procreación, a individuos con características más destacables para garantizar una descendencia con mejores genes capaces de adaptarse de forma más eficaz al medio en el que se desenvuelven. Aprendiendo de ello, el hombre, desde hace muchos años, ha intervenido en el mismo proceso de otras especies de plantas y animales para asegurar que el linaje de sus descendientes obtuviera características por encima del promedio, beneficiándose a sí mismos a partir de ello. Dicha producción selectiva provocó la aparición de nuevas y mejoras especies, aunque el proceso requirió de cantidades considerables de tiempo.
Más tarde, con los avances tecnológicos, la ingeniería genética permitió agilizar el proceso, pasando los genes deseados de un animal a otro, de una planta a otra e incluso de una planta a un animal y viceversa para concentrarse en la transferencia solo de los genes deseados por el hombre; sin embargo, no todos los procedimientos han resultado exitosos, repercutiendo en la mala calidad de las especies tratadas.

Promesas y realidades de los transgénicos

Las alteraciones genéticas de los alimentos tienen sus orígenes a finales de la década de los 90 que es cuando se crea e introduce en el mercado el primer producto vegetal con su ADN alterado, para conseguir erradicar el hambre en el mundo (entre otras cosas), pero las investigaciones fueron tomando un rumbo diferente, siendo aplicado el conocimiento a la industria alimentaria.

Manos Unidas calcula que aproximadamente 842 millones de personas en el mundo están infraalimentadas (datos 2014), y la cifra crece. Los efectos son devastadores. 400 millones de mujeres en edad de tener hijos padecen deficiencias de hierro, lo que significa que sus bebés corren el riesgo de sufrir diversos defectos congénitos. Unos 100 millones de niños sufren carencia de vitamina A, una de las principales causas de ceguera. Decenas de millones de personas sufren otras importantes dolencias y deficiencias nutritivas causadas por la falta de alimentos. 100000 muertos por día, la mitad son niños. ¿ALARMANTE, VERDAD?

Sin embargo, a pesar de todas estas promesas, la biotecnología dista mucho de ser la solución total. En los países en desarrollo la pérdida de cosechas es sólo una de las causas del hambre. El papel principal lo desempeña la pobreza. En la actualidad, más de mil millones de personas en todo el mundo disponen de un euro diarias. La disponibilidad de alimentos transgénicos no reducirá el hambre si los agricultores no pueden permitirse el producirlos o si la población local no puede permitirse el comprar los alimentos que ellos producen.
Tampoco puede la biotecnología enfrentarse al reto de distribuir los alimentos en los países en vías de desarrollo. Considerado en su conjunto, el mundo produce comida suficiente como para alimentar a toda la población, pero gran parte de esa comida está donde no tiene que estar. Especialmente en países con estructuras de transporte subdesarrolladas, la geografía limita la disponibilidad de comida tan drásticamente como la genética promete aumentarla.

¿Qué cultivos, ya tienen transgénicos?

Esto es sólo una muestra de los productos transgénicos más polémicos que podemos encontrar en el mercado: Algodón, lino, tabaco, tomates, calabaza, soja, fresa, colza, maíz, patata, guisantes, leche, melón… hasta quesos vegetarianos.

Ya tenemos “naranja transgénica” en España. En otros países ya está implantada sobre todo para el zumo, más bien dicho de los concentrados, que nos importan.

Los transgénicos en España

Los alimentos transgénicos se están introduciendo en nuestros alimentos, ya disponibles incluyen soja, (que se utiliza en el 60% de los alimentos procesados) tomates, levadura, productos lácteos, aceite de colza y un sinfín de productos.
En estos momentos, la agricultura española cuenta con autorizaciones para la producción de 124 alimentos, aunque hay una larga lista de productos esperando recibir la autorización. En los próximos años se aumentará esta lista de forma espectacular.
España es importador de transgénicos, principalmente de maíz modificado.

También es necesario e importante saber con qué tipo de piensos están alimentados los animales en la ganadería pues la soja y el maíz son los principales cereales que se utilizan.
Los ingredientes (muchos transgénicos) de los productos procesados se importan de los países en vías de desarrollo que son más baratos.
Los transgénicos son productos que hoy en día están siendo consumidos por todos nosotros ya sea de manera directa o indirecta pero lo consumimos.

Pero esto es solo el comienzo. En unos años, a lo mejor será casi imposible encontrar alimentos naturales. Y quien sabe en el futuro nos dicen de consumir frutas, verduras… de forma moderadas.

También se debe tener en cuenta que el cultivo de alimentos transgénicos está prohibido en 10 países de la Unión Europea, gracias a comisiones de investigación de los diferentes países. Pero aún así, siempre van a llegar en muchas ocasiones los productos transgénicos es que llegan al mercado y no son etiquetados como lo que son.

En la Unión Europea, España ha sido pionero en la siembra de variedades transgénicas, incorporando a la lista nacional de variedades vegetales dos variedades de maíz insecticida en 1998, cinco variedades en marzo 2003 y otras nueve en febrero 2004. En Julio 2005 se revocan las autorizaciones concedidas a algunas de las variedades (las Bt 176 de Syngenta), incluyendo en el registro de variedades 14 variedades nuevas (MON 810 de Monsanto).

Riegos de los alimentos transgénicos

En alimentación, como en cualquier otra faceta de la vida, es imposible hablar de riesgo cero. Esos materiales están vivos, se reproducen y tienen su propio ámbito de acción.

Nadie sabe cuántos murieron de la enfermedad de las vacas locas, que sospechan que es el resultado de alimentar el ganado con alimentos totalmente innaturales para ellos pero aprobados por los organismos gubernamentales. Que nos dicen que pasan por estrictos controles, así que no hay que preocuparse por nada. ¿Si pasan tantos controles porque serán? Nos hablan siempre de los beneficios que darán. Pero nunca de los inconvenientes.

Se está haciendo más común la comida no natural. De esta manera viven mejor las multinacionales, las farmacéuticas…, pero ningún beneficio real para el consumidor.
Por una parte vivimos mejor debido a los avances tecnológicos, pero cada tecnología tiene su contrapartida.

¿Por qué crecen tan rápido los transgénicos?

Se da semillas transgénicas gratuitamente o a bajo coste en América y a muchos países del Tercer Mundo, incluidos India, Pakistán y China.
Compañías agroalimentarias americanas y occidentales están comprando compañías de semillas en países en vías de desarrollo para poder vender semillas genéticamente modificadas, para controlar el mercado mundial de alimentos y haciendo peligrar la biodiversidad de los cultivos a través de la perdida de las semillas tradicionales.
Las empresas biotecnológicas estén patentando las semillas modificadas genéticamente.
A largo plazo existe el peligro de que estas empresas lleguen a estar dominadas por abogados. Los abogados, por lo general, no son buenos biólogos. Y ¿quién escucha a los abogados? Pues los líderes políticos, que de esta forma se alejan cada vez más de los problemas sociales y económicos de las personas.

¿Qué aportan los alimentos transgénicos?

Resistencia a herbicidas, insectos, frío o desecación; genes que codifican toxinas de bacterias a vegetales, para transmitirles toxicidad a insectos, virus, hongos, genes de crecimiento humanos para alterar la producción de hormonas en ganado, aumentando la producción de leche, frutas sin pepitas, frutos que maduran más tarde de lo que es natural, frutas a las que se le modifican el color, la forma y el sabor, modificar la cantidad de minerales de algún tipo, vitaminas, proteínas y hasta crear un híbrido a partir de varios diferentes frutos enriquecimiento en aminoácidos, resistencia al paso del tiempo o mejoras en su condimentación; obtención de cuajo o potenciación de aromas; mayor tiempo de conservación de frutas y verduras; aumento de la producción; disminución de los costes de la agricultura; aceleración en el crecimiento de las plantas y animales; plantaciones mucho más fáciles de cultivar, recolectar y llevar a la mesa….

Los cultivos estrella son aquellos que tienen incorporada la resistencia a un herbicida, que ocupan el 73% de la superficie cultivada, seguidos de las variedades insecticidas Bt (18%) y de las variedades con ambas características (8%).

Los daños de los transgénicos

Sin embargo, a pesar de las ventajas que pueden aportar para quien los consume, muchos expertos y organizaciones se oponen a la comercialización de los alimentos transgénicos, principalmente por los daños ambientales, a la salud humana y riegos económicos que estos pueden causar, entre ellos:

  • Resistentes al herbicida glifosato: Desarrollan una planta que es resistente al herbicida de la propia compañía que vende las semillas. El herbicida rociado acaba con toda brizna de cualquier hierba, excepto con estas plantas.
    Las plantas resistentes a herbicidas aparte de tener un riesgo para la salud humana por sus modificaciones genéticas, contienen grandes cantidades de herbicida, de los que se ha demostrado que perjudican también al ser humano de muchas formas; cáncer, provocando malformaciones congénitas o abortos. (Ver estudios de Gilles Eric-Seralini). Es más, las plantas resistentes a este herbicida aún resistiéndolo, tienen un desarrollo menor, pues la fotosíntesis y la absorción de nutrientes vitales del suelo es menor. La soja transgénica está relacionada con la esterilidad y alta mortalidad infantil, malformaciones congénitas y bebés de poco peso al nacer.
    Las plantas diseñadas para ser más resistentes a los herbicidas permitirán la aplicación de concentraciones más altas en los cultivos, con el resultado de que los alimentos contienen más química (mayor nivel de residuos tóxicos en los alimentos), los ríos, los embalses y los suelos se contaminarán más.
  • Tolerantes a insectos: Desarrollan una planta con un gen tóxico, insecticida, basados en la utilización de la toxina del Bacillus Thuringiensis, a la que ni las hormigas se acercan. La bacteria Bacillus Thuringiensis (Bt) produce una serie de proteínas que agujerean el tubo digestivo de las larvas, generalmente en el maíz. Las hormigas o gusanos no se las comen porque al primer bocado mueren, pero ellos esperan que tú te lo vayas comiendo poco a poco, dosis a dosis, acumulando los efectos en tu organismo. (Ver caso de Putzsai). La creación de alimentos transgénicos puede reducir la eficacia de los plaguicidas. De la misma forma que algunos mosquitos han desarrollado resistencia a los ahora prohibidos plaguicidas DDT, muchas personas están preocupadas de que los insectos se hagan resistentes a cultivos que han sido genéticamente modificados para producir sus propios pesticidas.
  • Hibridación: Uno de los más importantes riesgos medioambientales que acarrean los cultivos manipulados es que, una vez cultivadas las semillas, aparezcan híbridos entre esas plantas transgénicas y otras salvajes, pero de la misma familia, situadas en las inmediaciones, este fenómeno ya existe. No sería extraño que estas nuevas plantas incorporasen la propiedad artificial, como la resistencia a algunos herbicidas.
  • Más leche de vaca con proteínas: Ya que se inyecta una hormona de crecimiento a la vaca. Desventajas: puede que la leche esté contaminada ya que la vaca no se encuentra preparada para producir un 20% más y esta nos contamine a nosotros produciendo una intoxicación
    A la vaca le puede agarrar mamitis que es una enfermedad en la que las ubres se inflaman y producen leche con pus…
  • La introducción de la hormona del crecimiento vacuno (rGBH) en las vacas lleva a animales enfermos y sufrientes y a una leche que contiene más antibióticos. Ya se están criando animales con enfermedades para experimentos y una vida de sufrimiento. Peces han sido modificados para crecer más grandes; vacas y cabras han sido modificadas para crear drogas farmacéuticas. Estos animales frecuentemente son enfermizos y tienen una vida más corta.
  • La contaminación biológica puede ser el mayor peligro resultante de la ingeniería genética. A través de accidentes y falta de controles adecuados nuevos organismos (nuevas recombinaciones) vivos, bacterias y virus podrían escapar para reproducir, migrar y mutar, dando origen a nuevas enfermedades. Efectos desconocidos y no previsibles, incluso mortales.
  • Transferencia de la resistencia a antibióticos.
  • Generación de alergias: Por ejemplo, si los genes del cacahuete están en los tomates, ¿podría suceder que alguien con una intolerancia o alergia a los cacahuetes, pueda reaccionar negativamente a los tomates?
  • Perdida de la biodiversidad.
  • Daños irreversibles e imprevisibles a plantas y animales tratados.
  • Indeseados de la tecnología moderna, los de los organismos genéticamente modificados son los más peligrosos. En el peor escenario, no se podrán contener y sus efectos serán irreversibles. Los peligros de la ingeniería genética incluyen animales enfermos, organismos y enfermedades más virulentas, una biodiversidad más reducida, pesticidas, fertilizantes, agua y aire contaminados están causando cáncer, defectos de nacimiento, una fertilidad decreciente, envenenamiento por salmonella, asma y leucemia.
  • Introducir un alimento transgénico en el mercado es un proceso largo y costoso y las empresas de biotecnología quieren garantizar una rentabilidad para su inversión. Muchas nuevas tecnologías de ingeniería genética y las plantas transgénicas han sido patentados y la infracción de patente es una gran preocupación de los agronegocios. Sin embargo, los defensores del consumidor están preocupados de que estas patentes de nuevas variedades de plantas aumentará el precio de las semillas tan alto que los pequeños agricultores y los países del tercer mundo no podrán permitirse el lujo de las semillas para los cultivos transgénicos, ampliando así la diferencia entre ricos y pobres.

Los otros riesgos potenciales

Otro problema que plantean los grupos ecologistas ante las prácticas de la biotecnología es que los productos manipulados pueden estar contribuyendo al aumento de la resistencia a los antibióticos registrado desde hace unos años en todo el mundo. El problema sería que algunas multinacionales introducen genes marcadores de resistencia a ciertos antibióticos en las células madre para comprobar rápidamente y a gran escala que su manipulación ha tenido éxito. Con ello, según advierten estos grupos, se está provocando el fenómeno generalizado de la resistencia a los antibióticos.
La posibilidad de que los alimentos transgénicos, que suelen presentar una mejora de sus propiedades nutritivas, puedan desplazar a otros alimentos, “como los incluidos en la dieta mediterránea, por lo que deberíamos hacer un esfuerzo por impulsar estos productos”.

Mientras entre la población surgen y crecen las dudas sobre la seguridad de los alimentos resultantes de la biotecnología.

¿Quien se beneficia de los transgénicos?

A partir de ahí, los gigantes genéticos han comprado a un montón de empresas de semillas, incluso las grandes empresas multinacionales cerealistas de los años 90 ahora son de Monsanto. Recientemente se han relacionado sus estrategias con el aumento del precio de los alimentos para que los países acepten los transgénicos. Beneficio “prácticamente exclusivo” de las compañías multinacionales que tienen las patentes de esos cultivos y agroquímicos. ¿De quién son los transgénicos?
El ritmo de fusiones y adquisiciones empresariales en el área biotecnológica es vertiginoso, y cada dato que se aporte, puede no ser válido en el próximo mes. Sin embargo, es muy clara la lógica de esas fusiones: en la última década se han unido las empresas productoras de semillas, con las productoras de agroquímicos y el sector farmacéutico. La tendencia más reciente (que se suma a la anterior complementándola) es a la integración vertical en el sector alimentario: la misma empresa poseerá desde el germoplasma –o sea la patente de la semilla y el conocimiento del proceso para lograrla- hasta el procesado final, es decir lo que el consumidor compra directamente en el supermercado.
En este momento, menos de diez multinacionales controlan monopólicamente la mayoría del mercado mundial de semillas y agroquímicos y una fracción muy significativa del sector farmacéutico.

Gigante Genético = Agroquímico + Semilla + Farmacéutico:
SYNGENTA = Novartis (Suiza) + AstraZeneca (R.U.)
AVENTIS = Hoechst (Alemania) + Rhone Poulenc (Francia)
Monsanto (EE.UU.) + Pharmacia & Upjohn (Suecia-EE.UU)
DUPONT (EE.UU.)
Dow Chemical (EE.UU.)

Estas megaempresas han seguido la política de comprar las empresas de producción y distribución de semillas y agroquímicos nacionales u operando a nivel nacional o regional en África, Asia y América Latina –incluso algunas del tamaño de la cerealera Cargill, que fue engullida por Monsanto en el 98, que a su vez acaba de fusionarse con Pharmacia-Upjohn. La mayoría de solicitudes de ensayo o liberación comercial de transgénicos en América Latina, lo realizan estas empresas multinacionales u otras vinculadas accionariamente a éstas.

¿Quién investiga?

Las mismas empresas controlan también porciones mayoritarias y muy significativas de la investigación y desarrollo biotecnológico agropecuario y farmacéutico. Esto no solamente a través de sus propios laboratorios, sino en gran porcentaje en contratos con universidades e institutos de investigación agrícola públicos en muchos países, logrando así que todos los ciudadanos en cada país subsidien -obligatoriamente y sin saberlo- sus actividades empresariales.
Más de la mitad de las empresas de biotecnología basan su investigación en universidades públicas, y centros de investigación compartidos entre universidades e industrias.
Este modelo (multinacionales que “financian” estudios en universidades o centro de investigación pública) es también ampliamente difundido en América Latina, y se ha acentuado con los sucesivos recortes de recursos a los sectores públicos, promovidos por los ajustes estructurales del FMI, etc.
Este tipo de acuerdos, además de ser un subsidio a las empresas –a través del uso de infraestructura y sobre todo de profesionales capacitados por recursos públicos- significa que las mismas megaempresas tienen cuando menos una fuerte influencia, por no decir directa ingerencia, en las prioridades de la investigación.
En este contexto, no es extraño que la primera generación de transgénicos haya sido la venta casada de semillas resistentes no a enfermedades, sino a los herbicidas patentados por la misma compañía; o que ninguno de los primeros transgénicos en campo haya tenido ningún beneficio específico para el consumidor.

¿Qué es Monsanto?

Ubicado en San Luis (Missouri), Monsanto es el laboratorio de biotecnología más grande del mundo, y en el que se han invertido alrededor de 300 millones de dólares y muchos años de investigación. Es en este lugar donde los científicos aíslan un gen de la bacteria que produce un insecticida conocido como “Bt” y lo transfieren al maíz y al algodón, y logran que la planta produzca su propio insecticida. Claro que, todo lo que nos proporcionen estará siempre totalmente a favor de la biotecnología y en contra de lo que ellos llaman “principios etilistas y conservadores”.

Monsanto inventó estos 12 productos, (sinónimo de engaño, muertes, falso testimonios, fraude): Agente Naranja, Sacarina, PCBs, Poliestireno, Armas nucleares, DDT, Dioxinas, Abono a base de petróleo, RoundUp, Aspartame, Hormona crecimiento bovino y productos transgénicos. http://www.saludesencial.org/blog/los-doce-pecados-de-monsanto/

Del Agente Naranja … al … Agente Verde, esto es la multinacional Monsanto.

Legislación de los alimentos termogénicos

A pesar de las oposiciones de grandes organizaciones como Greenpeace, los alimentos transgénicos pueden ser comercializados de forma libre.
Hoy en día se exige a los fabricantes transparencia hacia los consumidores. Todos los productos transgénicos o que procedan de otros que hayan sido modificados, deben informar de este hecho en la etiqueta, dejando la decisión de adquirir el producto natural o transgénico al propio consumidor.

Información sobre transgénicos

Para saber más sobre cómo funciona todo esto y la información sobre los daños que se provocan en la salud y que se oculta, y más: un documental muy recomendable es: El Mundo según Monsanto.

El documental “Soberanía transgénica, ¿Un riesgo planetario?” tiene una duración de unos 22 minutos, lo que lo hace ideal para proyectarlo en clases, colegios, institutos, universidades, charlas, etc.
En la barra de la derecha hay documentales también muy buenos, información muy interesante que aporta luz y comprensión en varios aspectos.

La organización Greenpeace advierte de los posibles problemas que pueden acarrear para la salud humana el uso de alimentos transgénicos y ha elaborado una guía en la que denomina verdes y rojos a diferentes productos en el mercado según su contenido en alimentos modificados genéticamente. Puede ver la “Guía roja y verde de alimentos transgénicos“. No entendemos porque pone Coca-Cola esta en la lista verde… Visite este enlace:

http://los7pecadoscapitales.com/las-10-multinacionales-mas-peligrosas-del-mundo/

Para entender más aspectos de lo que esta pasando con este tema de los transgénicos, compartimos información que es muy recomendable conocer.

Estudio sobre los transgénicos y cáncer

https://otrabiologia.files.wordpress.com/2013/01/0-advertencia-cc3a1ncer-y-maiz-transgc3a9nico_mae-wan-ho-y.pdf

En conclusión…

Vale la pena consumirlos? Siendo sincero, creo que la respuesta depende cada persona, sin embargo, desde un punto de vista personal, alimentarse de este tipo de productos, a pesar de representar un beneficio tanto para llevar un estilo de vida saludable, así como para un ahorro sustancial económico, los síntomas perjudiciales que se acarrean pueden ser peores a la larga, no tanto para uno mismo, sino para el entorno general, ya que su producción representa un alto índice de contaminación para el medio ambiente, así como pone en peligro la biodiversidad natural de las plantas y animales tratados, puesto que estos últimos, con mejores genes podrían alterar los ecosistemas en los que los primeros se desenvuelven, provocándoles daños irreversibles, incluso llegando a tal grado de causar una posible extinción.

En resumen, consumir alimentos transgénicos no es buena opción; hay que recordar que las empresas detrás de este negocio velan únicamente por sus intereses financieros a costa de la salud pública y ambiental.

El futuro de los transgénicos

Semillas suicidas y a control remoto, pero “muy nutritivas”.

Terminator” es una tecnología que produce semillas estériles en la segunda generación, para obligar al productor a que vuelva a comprar semillas en cada cosecha. Sería una “patente biológica”, sin fecha de expiración, que viola efectivamente los llamados “Derechos del Agricultor”, a producir y guardar semillas para la próxima cosecha, derechos reconocidos por la FAO en 1989, y también reconocidos en la mayoría de las versiones de Ley de Variedades Vegetales de los países latinoamericanos.
El proceso tecnológico usado para “Terminator” es el mismo que se utiliza para manejar “a control remoto” -es decir con la aplicación de inductores químicos externos- la expresión de determinadas características genéticas. Todos los gigantes genéticos están desarrollando este tipo de tecnologías, que obligará a los productores a usar determinados productos químicos –de propiedad de la misma compañía que les vende las semillas- si quieren lograr que sus cultivos sean exitosos o expresen determinadas características, incluso que no se enfermen.
Como la primera generación de transgénicos –básicamente semillas resistentes a herbicidas- no presenta ningún atractivo para el consumidor, y frente al masivo rechazo del público, como en el caso de Europa, los gigantes genéticos están re-enfocando la orientación de sus productos, para hacerlos más vendibles: gracias a la combinación de varias características genéticas en una misma semilla, están intentando colocarle características atractivas para el consumidor: mejores condiciones nutritivas, agregando vitaminas o directamente nutrienticos, es decir incluyendo vacunas en bananas, etc. Esto no quiere decir que eliminen las características anteriores: las están sumando.
Y para que estas nuevas condiciones se manifiesten, los productores tendrán que usar otros químicos, que junto a la característica buscada, activarán por ejemplo, la esterilidad, etc… Seguramente la única forma de que cualquier productor aplique un químico que esterilizará sus semillas, ya que no lo hará voluntariamente.
Este tipo de manipulaciones abre las puertas a la utilización de estos cultivos como armas biológicas, ya que podrían contener características nocivas o “simplemente suicidas” que sólo fueran activadas por inductores externos, por ejemplo fumigación, calor, etc., y que podría estar latente y ser activada en un momento determinado, en situaciones de conflicto.

Este tema, que parece lejano a nuestra realidad cotidiana, está siendo discutido actualmente como peligro real, en el marco de la renegociación de la Convención sobre Armas Tóxicas y Biológicas de Naciones Unidas y en el marco del Convenio sobre Diversidad Biológica de Naciones Unidas, que en su V reunión en Nairobi, en mayo 2000 acordó recomendar la adopción de moratorias para prevenir el uso comercial de estas tecnologías

¿Cómo sabemos si comemos alimentos transgénicos?

Lamentablemente no es posible saber directa y certeramente si hay o no transgénicos.

A nivel de cultivos, ya mencionamos los transgénicos que están en campo. No hay una forma de detectar si un cultivo es transgénico o no por simple observación.

A nivel de los alimentos procesados, es muy difícil saber lo que contienen, en parte porque la información general al consumidor en este aspecto es deficiente, pero también por la lucha enconada que han llevado las multinacionales biotecnológicas para evitar el etiquetado.

Sin duda, muchos de los productos que consumimos contienen elementos transgénicos. El caso más frecuente es el de la soja, que se encuentra como ingrediente en aproximadamente el 70% de los alimentos que se compran en los supermercados. Aparte de los que declaran el contenido de soja, como varios zumos de frutas, los derivados de la soja son utilizados en helados, panes, galletas, conservas de pescado, mermeladas, dulces y muchos otros productos.

Debido a la fuerte lucha de sus organizaciones sociales (consumidores y productores ecologistas) y ambientales, que han impugnado, ganando incluso en tres instancias legales, la apelación contra la liberación comercial de la soja transgénica autorizada por el gobierno federal. En Rio Grande do Sul, Brasil, el gobierno del estado lo ha declarado “zona libre de transgénicos”.

El nivel de información y debate público de estos temas es escaso o inexistente y se ha originado, con poquísimas excepciones de algunos centros universitarios, en iniciativas de organizaciones de la sociedad civil.
A nivel del consumo de alimentos y farmacéuticos, la desinformación con respecto al posible origen transgénico es total, tanto referido a la producción interna como a los productos importados.

Protocolo internacional de bioseguridad

Pese al fuerte trabajo de las multinacionales y los países productores de transgénicos para impedirlo, a fin de enero del 2000 se aprobó en Montreal el llamado Protocolo de Cartagena sobre seguridad de la biotecnología.
La elaboración y firma de este protocolo estaba prevista desde el origen de la firma del Convenio sobre Diversidad Biológica, surgido en la Cumbre de la Tierra de Naciones Unidas en 1992.
El protocolo solamente regula los movimientos transfronterizos de organismos vivos modificados, y nada dice de las regulaciones nacionales.
Los países productores de transgénicos, con Estados Unidos (que ni siquiera es parte del Convenio sobre Diversidad Biológica) y Canadá a la cabeza, se dedicaron desde sus orígenes a sabotear la firma del protocolo y a vaciar sus contenidos en forma sistemática, colocando los intereses de lucro de las empresas por arriba del interés incluso de sus propias poblaciones. En lo que se pensaba que sería la negociación final a principios de 1999 en Cartagena, conformaron el llamado “Grupo de Miami” constituido por Estados Unidos, Canadá, Australia, Argentina, Chile y Uruguay.

¿Qué hacemos?

Sigue pendiente la necesidad de información y debates públicos para que este tema pase a ser de control social. El tema de la información sobre los alimentos y otros productos sigue siendo una importante deuda pública y a la salud. Mientras tanto, todos los productos alimenticios deberían etiquetarse claramente para que podamos escoger lo que comemos. Proteger nuestra salud.

La introducción de esta tecnología, vuelve a mostrar la necesidad de los mercados locales, donde se pueda manifestar la solidaridad entre consumidores y productores, y se puedan tejer relaciones solidarias para obtener productos sanos y libres de otras contaminaciones.

Lo que tú puedes hacer: Copia esta hoja y distribúyela por email, redes sociales a los amigos, la familia, colegios, universidades, sindicatos, clubes, sociedades. Avisa a todo el mundo de esta carrera insensata.

Deberíamos actuar antes de que sea demasiado tarde. La mayoría de la gente no está consciente de estos riesgos. Ya que lo natural se considera que es mejor y además no ha sido manipulado.

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